Publican las primeras grabaciones de los Gaiteiros de Soutelo

Publicado en: La Voz de Galicia – 12/01/2006
ÁNGEL VARELA

Un libro-disco recorre la vida de la banda musical más influyente de la historia de Galicia.
La interpretación de los hermanos Cachafeiro editada por Ouvirmos data de 1928.

CON CASTELAO. Gaiteiros de Soutelo
«Toca, gaiteiriño, toca / meniñas correi o velo / que é moita gaita a gaitiña / do Gaiteiro de Soutelo». Así describía Castelao la emoción que suponía escuchar a los Cachafeiro y que motivó el dibujo de la derecha. Arriba, Avelino (con gaita) en los cincuenta, en la sala de fiestas de su propiedad en Soutelo. Abajo, en Buenos Aires en 1930.

Hace ochenta años, ser gaiteiro en Galicia era mucho mejor que actualmente haber concursado en Operación Triunfo. Desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX existió una escena musical en el país en la que el gaiteiro era la gran estrella. Nombres como O Gaiteiro de Ventosela (1847-1912), O Fresco de Carballiño (1845-1910) o Farruco de Montrove (1860-1940) eran sinónimo de éxito en cualquier fiesta o concierto. Pero si hubo un nombre que ha permanecido en el podio del Olimpo de músicos famosos es el de Os Gaiteiros de Soutelo. Ahora se compilan por primera vez, dentro de la colección del sello Ouvirmos, la totalidad de las grabaciones que los hermanos Cachafeiro -Avelino, Castor y Bautista, que empezaron tocando con su padre, Fermín- realizaron en Ourense en 1928.

Aparte de la gran influencia que los Gaiteiros de Soutelo tuvieron en la modernización del sonido de la gaita, el trayecto vital de los hermanos Cachafeiro podría servir para que alguien del clúster audiovisual gallego rodase una película. Según explica Juanjo Fernández en el texto que acompaña al cedé, poco después de haber formado el cuarteto en 1919, los de Soutelo fueron agasajados con un coche (concretamente un Ford) por el adinerado dueño de un pazo de Maceda (Ourense), algo que contribuye a su fama si se tiene en cuenta que en esa comarca no había carreteras asfaltadas. En pocos años recorrieron toda España con su música, pero en la fiesta del Apóstol de 1924 en Santiago se convirtieron definitivamente en unos mitos después de que Avelino obtuviese el primer premio como mejor gaiteiro de Galicia, de un jurado en el que figuraban Castelao, Vicente Risco y Otero Pedrayo. Cinco años después, su fama les permitía realizar una gira de un mes por diversas ciudades de América. O sea, en plan Bisbal pero con gaita y sin márketing.

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